El sector construcción ha vuelto a ocupar el centro del tablero económico dominicano. Tras varios trimestres de retrocesos, la actividad edificadora registró en junio de 2026 una expansión interanual del 14.9%, aportando cerca del 30% al incremento del Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE). No se trata de un repunte aislado: es la consolidación de una tendencia que viene acelerándose mes a mes y que redefine el perfil del crecimiento económico del país.
Lo que revelan los números del sector construcción
Los datos del Banco Central de la República Dominicana muestran que el dinamismo del sector responde a dos fuerzas simultáneas: el aumento en la ejecución de proyectos de inversión privada y un mayor impulso del gasto de capital público. A eso se suma un entorno financiero más favorable, que se tradujo en un incremento del 22.6% en el crédito otorgado para la construcción respecto al año anterior, totalizando más de RD$34 mil millones adicionales.
El economista Jaime Aristy Escuder lo resumió con claridad en una intervención en CDN canal 37: “La economía dominicana creció a un notable 6.4% en junio, gracias al sector de la construcción que, luego de experimentar retrocesos importantes, vuelve a ser el motor del crecimiento económico interanual”. Para Aristy Escuder, dos factores explican este giro: la facilitación en la entrega de permisos de construcción y el sostenido aumento de la inversión privada, que juntos han restaurado la capacidad tractora del sector sobre el resto de la economía.
La aceleración mensual durante el trimestre abril-junio de 2026 es elocuente por sí sola: en abril el sector creció un 6.7% interanual, en mayo escaló al 11.1% y en junio alcanzó el 14.9%. Esa progresión no es casualidad; refleja una cadena de decisiones de política pública y privada que comenzaron a madurar en la primera mitad del año.
El auge de licencias que lo cambia todo
Detrás del repunte del sector construcción hay una historia concreta de gestión administrativa. Las estadísticas del Ministerio de la Vivienda revelan que durante el primer semestre de 2026 se emitieron 921 licencias de construcción, lo que representa un incremento del 80% frente al mismo período del año anterior. Pero el dato más impactante es el de la inversión aprobada a través de esos permisos: creció un 157%, superando los 330 millones de dólares.
Esa agilización en la concesión de permisos no solo desbloqueó proyectos que estaban en espera; también envió una señal de confianza al mercado privado, que respondió con mayor disposición a comprometer capital en nuevos desarrollos. El resultado es visible en el IMAE: el indicador general promedió un crecimiento del 4.5% en la primera mitad del año, impulsado de forma determinante por la construcción.
Otros sectores también acompañaron el buen desempeño económico del período:
- Minería: crecimiento del 11.3% interanual.
- Servicios financieros: expansión del 7.5%.
- Transporte: incremento del 5.1%.
Sin embargo, ninguno de ellos alcanzó la magnitud ni la contribución al IMAE que registró la construcción en junio, lo que subraya el peso específico de este sector dentro de la estructura productiva dominicana.
El reto que define el segundo semestre
El Banco Central sitúa el crecimiento potencial de la economía dominicana en torno al 5%, y las cifras del primer semestre de 2026 indican que el país opera cerca de ese umbral. Eso es una buena noticia, pero también una advertencia: crecer por encima del potencial de forma sostenida exige condiciones macroeconómicas estables que no siempre están garantizadas.
Aristy Escuder señaló que el principal desafío para las autoridades monetarias y fiscales en la segunda mitad del año es precisamente preservar esa estabilidad. Un entorno internacional adverso —marcado por tensiones geopolíticas, alzas en los precios del petróleo y mayores costos de transporte— añade presión sobre los márgenes del sector privado y sobre la capacidad del Estado de mantener el ritmo de inversión pública.
A pesar de ese contexto, el desempeño del sector construcción en el primer semestre confirma la resiliencia de la economía dominicana y demuestra que, cuando las condiciones regulatorias y financieras se alinean, este sector tiene la capacidad de convertirse en el principal motor del crecimiento. El verdadero examen llegará en los próximos meses, cuando se sabrá si ese impulso puede sostenerse sin sacrificar la estabilidad que lo hizo posible.

