La circunvalación de Santo Domingo ha dejado de ser únicamente una solución vial para convertirse en uno de los corredores económicos más activos del área metropolitana. A lo largo de sus aproximadamente 72 kilómetros, diseñados originalmente para descongestionar el tráfico del centro de la ciudad, han comenzado a proliferar naves industriales, parques logísticos, estaciones de combustible y pequeños negocios que transforman el paisaje urbano y generan nuevas fuentes de ingreso para sus habitantes.
Lo que revela el recorrido por la circunvalación de Santo Domingo
Un recorrido realizado por reporteros de El Día por la circunvalación Juan Bosch permitió identificar una cadena de infraestructuras en distintas etapas de desarrollo. Entre los hallazgos más destacados se encontraron nuevas edificaciones en proceso de instalación hacia la carretera de Samaná, amplios espacios disponibles para alquiler y una estación de combustible en construcción. La imagen que proyecta la vía ya no es la de una autopista periférica vacía, sino la de un eje productivo en plena consolidación.
Las infraestructuras detectadas durante el recorrido incluyen una variedad significativa de usos:
- Parques logísticos y naves industriales dedicadas al almacenamiento y manufactura, con superficies que van desde 1,200 hasta más de 10,000 metros cuadrados.
- Almacenes operativos en funcionamiento, entre ellos el depósito de Cola Real, que inició operaciones tras un año de construcción en la ruta hacia La Victoria.
- Proyectos en construcción destinados a actividades de producción y distribución de mercancías.
- Espacios comerciales disponibles para alquiler orientados a distintos rubros económicos.
Esta diversidad de usos refleja cómo la conectividad que ofrece la vía se ha convertido en un argumento de peso para empresas que buscan optimizar sus cadenas de distribución sin depender del congestionado centro capitalino.
El emprendedor que encontró su oportunidad en la vía
No todos los beneficiados son grandes operadores logísticos. Daniel Alcántara, de 64 años, pasó décadas trabajando como constructor antes de decidir establecer su propio negocio a orillas de la circunvalación hace poco más de un año. Lo que comenzó como un puesto de huevos hervidos y café se ha ido transformando con el tiempo: hoy ofrece cocos, chicharrones y diversas bebidas que los transeúntes de la vía adquieren con regularidad, convirtiéndose en su principal fuente de ingresos.
La historia de Alcántara ilustra una dinámica que se repite a distintas escalas a lo largo del corredor. El flujo vehicular que genera la circunvalación crea una demanda espontánea que los pequeños comerciantes han sabido aprovechar, aunque no todos comparten el mismo optimismo. Algunos comerciantes de la zona señalan que la actividad económica todavía es insuficiente para garantizar un flujo constante de clientes, lo que sugiere que el desarrollo, aunque real, avanza de forma desigual según el tramo de la vía.
Un corredor que aún tiene margen para crecer
El potencial de la circunvalación de Santo Domingo como motor económico no está agotado. La disponibilidad de terrenos y espacios para alquiler a lo largo del trayecto indica que el proceso de ocupación comercial e industrial sigue en curso. La combinación de acceso vial directo, grandes superficies disponibles y costos de instalación generalmente inferiores a los del centro urbano posiciona a este corredor como una alternativa atractiva para empresas de logística, manufactura y servicios.
El desarrollo de infraestructura vial como la circunvalación Juan Bosch demuestra que las grandes obras de movilidad urbana tienen un efecto multiplicador que va más allá del tráfico: reconfiguran la geografía económica de las ciudades, crean nuevos polos de actividad y abren oportunidades tanto para grandes inversores como para emprendedores individuales que encuentran en el flujo de vehículos su mejor cliente.

