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Abinader garantiza PRM unido, abierto y enfocado en gobernar

Abinader garantiza PRM unido, abierto y enfocado en gobernar

Luis Abinader asumió la presidencia del Partido Revolucionario Moderno (PRM) con un mensaje que buscó trazar una línea clara entre el poder y el servicio: el partido debe ser más grande que cualquier individuo, y gobernar para todos los dominicanos es una obligación que está por encima de cualquier interés partidario. Con esa declaración de principios, el también presidente de la República Dominicana inauguró una nueva etapa al frente de la organización que lo llevó al poder.

Lo que Abinader prometió al asumir el PRM unido

Durante su juramentación, Abinader fue directo sobre el rol que espera que el partido cumpla en los próximos años. “Soy presidente del Partido Revolucionario Moderno, pero también soy Presidente de la República Dominicana”, afirmó, dejando en claro que su obligación con el Estado y con la ciudadanía está por encima de cualquier agenda interna. El partido, dijo, debe respaldar al Gobierno en sus compromisos con la sociedad, no al revés.

Para garantizar esa distinción en la gestión cotidiana, Abinader depositó la conducción operativa del PRM en manos de Deligne Ascensión, designado como vicepresidente ejecutivo. Ascensión es uno de los fundadores del partido y cuenta con la confianza directa del presidente, lo que convierte su nombramiento en una señal de continuidad institucional más que en un giro de timón.

Cuatro prioridades que definen el rumbo del partido

Abinader dejó en claro que su llegada a la presidencia del PRM no tiene como objetivo administrar lo que ya existe, sino fortalecer y proyectar la organización hacia el futuro. Para ello, estableció cuatro ejes que guiarán la gestión interna del partido:

  • Cuidar la unidad sin imponer uniformidad de criterios.
  • Robustecer la democracia interna como práctica real, no declarativa.
  • Fomentar la formación continua de sus militantes y cuadros.
  • Mantener al PRM accesible y receptivo para la sociedad dominicana.

Esa combinación de cohesión y apertura es, según el propio Abinader, la fórmula que distingue a un partido con vocación de poder de uno que simplemente compite por él. “Si seguimos trabajando unidos y con un proyecto de cambio, no solo ganaremos las elecciones venideras, sino que transformaremos el país”, sostuvo ante los presentes, en una frase que resonó como una advertencia tanto hacia adentro como hacia afuera del partido.

El legado como brújula: lo que Abinader no quiere repetir

Uno de los momentos más significativos del discurso fue cuando Abinader habló de responsabilidad histórica. Reconoció el trabajo de figuras como José Ignacio Paliza y Carolina Mejía en la dirección previa del partido, y subrayó que su misión no es aferrarse al poder, sino fortalecer las instituciones y dejar un legado que beneficie a la ciudadanía. Esa referencia al pasado no fue nostálgica, sino estratégica: recordar de dónde viene el PRM para no perder de vista hacia dónde debe ir.

En esa misma línea, Abinader hizo un llamado explícito a abrir espacios para jóvenes y mujeres en el liderazgo del partido. No como cuota simbólica, sino como condición para que el PRM unido sea también un partido renovado. La inclusión, en su visión, no es un gesto de generosidad política, sino una necesidad estructural para que la organización siga siendo competitiva y representativa en el tiempo.

Con este discurso, Abinader intentó resolver una de las tensiones más antiguas de la política dominicana: cómo liderar un partido desde el Ejecutivo sin convertirlo en un apéndice del Gobierno. La respuesta que ofreció fue institucional, pero también personal: el partido debe ser más grande que él mismo, y esa convicción, si se sostiene en la práctica, será la verdadera prueba de su presidencia en el Partido Revolucionario Moderno.

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