Más de una década después de que República Dominicana comenzara a destinar el 4% del PIB a la educación preuniversitaria, los estudiantes que crecieron bajo esa inversión acaban de rendir su primer gran examen internacional, y los resultados son contundentes: el país sigue entre los últimos lugares de la clasificación global de PISA 2025. La promesa de que el dinero transformaría el aprendizaje enfrenta ahora su prueba más dura.
Los números que revelan el tamaño del rezago
Según los resultados publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), República Dominicana ocupa posiciones de cola en todas las áreas evaluadas. En Lectura, el país se ubica en el puesto 80 de 89 naciones participantes, mientras que en resolución computacional de problemas llega al puesto 77 entre 84. Las puntuaciones brutas completan el panorama: 339 puntos en Matemática, 346 en Lectura y 361 en Ciencias, todas cifras muy por debajo del promedio de los países de la OCDE.
Pero la estadística que más sacude no es el ranking, sino lo que ocurre dentro del aula. El 69.3% de los estudiantes dominicanos presenta bajo desempeño simultáneo en las tres materias fundamentales, lo que significa que casi siete de cada diez jóvenes de 15 años no logran alcanzar las competencias básicas que el sistema educativo debería garantizarles. Dicho de otra forma: la mayoría de los adolescentes dominicanos termina su etapa escolar sin las herramientas mínimas para desenvolverse en una economía moderna.
El umbral mínimo de competencia que establece PISA se denomina Nivel 2. Solo el 9% de los estudiantes dominicanos alcanza ese piso en Matemática, mientras que el 91% restante se sitúa por debajo. En Lectura, el porcentaje que llega al umbral sube al 23%, y en Ciencias al 26%. Aunque estas últimas cifras son algo menos alarmantes, siguen describiendo un sistema donde la mayoría no aprende lo suficiente.
Lo que sí cambió: la mejora en Ciencias como señal de esperanza
En medio de un cuadro general adverso, hay un dato que merece atención. República Dominicana ha sido uno de los países que más ha mejorado su desempeño en Ciencias a largo plazo, con un incremento de 25 puntos entre 2018 y 2025, pasando de 336 a 361. No es un salto que cambie el lugar en el ranking, pero sí es evidencia de que algo dentro del sistema está funcionando, aunque de forma lenta y parcial.
Este avance se produce en un contexto de transformación física y programática del sistema educativo. Desde 2013, cuando el país comenzó a aplicar la ley que obliga a destinar el 4% del PIB a la educación preuniversitaria, se construyeron miles de aulas, se amplió la jornada escolar, se capacitaron docentes y se expandió la cobertura. Los estudiantes evaluados en PISA 2025 son, en su mayoría, la primera generación que recibió educación completa bajo ese modelo de inversión incrementada.
El problema es que más infraestructura y más horas de clase no se traducen automáticamente en más aprendizaje. Los resultados de PISA 2025 lo confirman con datos: la brecha entre lo que se invierte y lo que los estudiantes aprenden sigue siendo el principal desafío del sistema educativo dominicano.
El reto que la generación del 4% deja sobre la mesa
Los indicadores de PISA miden competencias aplicadas, no memorización. Evalúan si un joven de 15 años puede leer un texto y extraer conclusiones, resolver un problema matemático en un contexto real o interpretar evidencia científica. Que el 91% de los estudiantes dominicanos no alcance el nivel mínimo en Matemática indica que el sistema no está logrando ese objetivo, independientemente de cuántas escuelas se hayan construido.
El debate que abre esta edición de PISA no es si la inversión fue necesaria, sino qué tipo de reformas hacen falta ahora para que el dinero se convierta en aprendizaje real. La generación que creció con el 4% del PIB ya pasó por las aulas. Sus resultados, entre los últimos lugares del mundo, son la señal más clara de que la siguiente etapa exige cambios cualitativos, no solo presupuestarios.

