El presidente Luis Abinader confirmó que el Gobierno dominicano mantiene una supervisión permanente sobre las empresas chinas que operan en el país, con el objetivo de garantizar el cumplimiento de la legislación local y las normativas aduaneras. La declaración, realizada durante su intervención en La Agenda Semanal, pone sobre la mesa una tensión comercial que va mucho más allá de los controles de rutina.
Lo que revelan las discrepancias en aduanas
El mandatario fue directo al señalar el motivo concreto que activó la alerta gubernamental: algunos productos importados por empresas chinas llegan al mercado dominicano con precios notablemente inferiores a los de importadores tradicionales, lo que ha encendido las alarmas sobre posibles irregularidades en las declaraciones aduaneras. “Estamos supervisando especialmente a las empresas chinas dedicadas al comercio para que cumplan con las leyes de República Dominicana”, expresó Abinader sin ambigüedades.
Esta vigilancia no es un gesto simbólico. Las autoridades están analizando de forma activa las declaraciones presentadas ante la Dirección General de Aduanas, cruzando datos de precios y volúmenes para identificar inconsistencias que podrían representar competencia desleal frente a los importadores que sí tributan conforme a la ley. El impacto de estas prácticas, si se confirman, afectaría directamente a sectores comerciales que operan bajo las reglas establecidas.
El equilibrio diplomático que define la posición de RD frente a China
Más allá del control aduanero, Abinader aprovechó el espacio para trazar con claridad el mapa de las relaciones exteriores dominicanas. Subrayó que República Dominicana es el único país de América Latina que mantiene relaciones diplomáticas con la República Popular China sin haber contraído deuda pública con esa nación, una distinción que el presidente presenta como una ventaja estratégica y una señal de independencia financiera.
En ese mismo contexto, reafirmó el vínculo con Washington. Para Abinader, Estados Unidos sigue siendo el “aliado especial y estratégico” del país, con una colaboración activa en materia de seguridad nacional. Esta declaración no es casual: llega en un momento en que la presencia de proveedores chinos en infraestructuras sensibles genera debate en toda la región.
Un dato que ilustra esa tensión: entre el 70% y el 75% de los proveedores de redes para las compañías telefónicas que operan en el país son de origen chino. Abinader reconoció el dato, pero lo enmarcó como una oportunidad: la entrada de nuevos competidores podría mejorar la calidad del servicio y reducir los costos para los usuarios dominicanos.
Aranceles con EE.UU.: RD exige reciprocidad
El presidente también abordó la situación arancelaria con Estados Unidos, dejando en claro que la posición dominicana no es de silencio diplomático. El Gobierno ha comunicado formalmente al Departamento de Estado y a la Embajada estadounidense que el tratamiento comercial actual no ha sido considerado “justo y recíproco”. La demanda concreta es que se respete el tratado de libre comercio vigente y que se reinstale un arancel del 0%, como era la norma antes de los ajustes recientes.
El argumento dominicano descansa sobre un dato estructural: el país mantiene un déficit comercial con Estados Unidos, lo que significa que compra más de lo que vende. Para Abinader, ese desequilibrio debería ser reconocido en las negociaciones y traducirse en condiciones más favorables para los productos dominicanos. La supervisión a las empresas chinas y la presión sobre Washington forman parte, en definitiva, de una misma estrategia: proteger la economía local mientras se navega entre dos grandes potencias con intereses distintos en la región.

