El Partido Revolucionario Moderno (PRM) avanza hacia una reconfiguración interna que podría definir su rumbo político para los próximos años. En el centro del debate emerge una fórmula que posicionaría al presidente Luis Abinader y al dirigente Deligne Ascención como los líderes del PRM para el período 2026-2028, en el marco de una reforma estatutaria que se someterá a votación el próximo 5 de julio.
La fórmula que toma forma dentro del partido
El consenso que se construye en las filas del PRM apunta a que Abinader asuma la presidencia del partido, aunque con una particularidad: solicitaría una licencia mientras ejerce la presidencia de la República. En ese escenario, las responsabilidades partidarias cotidianas recaerían sobre Ascención, quien sería elegido vicepresidente con facultades para asumir funciones presidenciales en ausencia del titular. No se trata de un esquema improvisado, sino de una arquitectura institucional que el partido está diseñando con precisión antes de la convención extraordinaria.
El mandatario, sin embargo, no ha cerrado el capítulo. En múltiples ocasiones ha manifestado su interés en someterse al escrutinio de las bases militantes antes de aceptar formalmente el cargo, una postura que combina prudencia política con un guiño a la participación interna. Ese gesto no es menor en un partido que busca proyectar cohesión de cara al ciclo electoral que se avecina.
Lo que cambia con la reforma estatutaria del 5 de julio
La Dirección Nacional del PRM ha convocado a la XXIII Convención Nacional Extraordinaria con un objetivo concreto: aprobar una reforma que permita elegir a las próximas autoridades por un período de dos años —en lugar de los cuatro habituales— mediante asambleas de delegados. Entre los cambios propuestos destaca uno de especial relevancia estructural: otorgar a una de las tres vicepresidencias la facultad de asumir la presidencia del partido en caso de ausencia o licencia del titular.
Este ajuste no es cosmético. Responde directamente a la situación particular de Abinader, quien no puede ejercer simultáneamente la jefatura del Estado y la conducción activa de su partido sin generar tensiones institucionales. La solución que el PRM está articulando busca mantener el peso simbólico del presidente de la República al frente de la organización, mientras delega la gestión operativa en una figura de confianza como Ascención.
Para el período 2028-2032, el partido retornaría a su esquema tradicional: elecciones por cuatro años mediante voto universal de la militancia, modalidad que el propio Abinader ha respaldado públicamente. Ese retorno al modelo participativo funcionaría como una promesa implícita a las bases de que el ajuste actual es transitorio y circunstancial, no una redefinición permanente del modelo democrático interno del Partido Revolucionario Moderno.
La Secretaría General, el otro frente que se calienta
Mientras la cúpula parece encaminarse hacia un acuerdo, la disputa por la Secretaría General promete ser la contienda más reñida de la convención. Dos nombres concentran las aspiraciones:
- Alfredo Pacheco: actual presidente de la Cámara de Diputados, con un liderazgo consolidado y respaldo transversal dentro de la organización.
- Juan Garrigó: hijo de Carolina Mejía y nieto del expresidente Hipólito Mejía, con el apoyo de sectores influyentes del partido que apuestan por renovar el apellido histórico del PRM.
La pugna entre Pacheco y Garrigó no es solo una disputa de nombres: refleja la tensión entre el liderazgo institucional que se ha construido en los últimos años y el peso de los linajes fundacionales del partido. Cualquiera que resulte electo secretario general quedará posicionado como una figura clave en la transición hacia el ciclo 2028-2032, cuando el PRM deberá definir su candidatura presidencial sin Abinader en la papeleta.
En ese contexto, la convención del 5 de julio no es solo un trámite estatutario. Es el primer movimiento visible de un tablero político que ya está en juego, y donde los líderes del PRM que emerjan de ese proceso cargarán con el peso de preparar al partido para su próxima gran prueba electoral.

