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Alcalde de Dajabón admite error al dudar de Bukele en Haití

Alcalde de Dajabón admite error al dudar de Bukele en Haití

El alcalde del municipio fronterizo de Dajabón, Santiago Riverón, reconoció públicamente su error al haber puesto en duda la capacidad del presidente salvadoreño Nayib Bukele para lograr resultados concretos en Haití sin el respaldo directo de Estados Unidos. Lo que antes era escepticismo, hoy se convierte en un respaldo abierto: Riverón considera que la estrategia de Bukele en Haití podría ser la respuesta que las misiones internacionales nunca lograron dar frente a la violencia de las bandas criminales.

El giro que nadie esperaba del alcalde fronterizo

Riverón había sostenido previamente que cualquier éxito de Bukele en territorio haitiano dependía del apoyo logístico y político de Washington. Sin embargo, la evolución de los hechos sobre el terreno lo llevó a reconsiderar esa postura. El elemento que más lo impactó fue un cambio de actitud entre los propios líderes de las bandas armadas: algunos de los principales cabecillas han comenzado a solicitar negociaciones, una señal que el alcalde interpreta como un síntoma claro de que la presión está funcionando.

“Realmente vemos que sí puede tener éxito, porque vemos ya a los principales cabecillas de las bandas pidiendo cacao, como decimos por aquí”, declaró Riverón, utilizando la expresión popular para referirse a quienes buscan una salida ante la presión. Para el alcalde de una ciudad que convive diariamente con la crisis haitiana desde la frontera, ese detalle no es menor: es la primera señal tangible de que algo está cambiando en la dinámica del crimen organizado en el país vecino.

Bukele en Haití y el fracaso que la ONU no quiere admitir

Riverón no se limitó a elogiar la estrategia del mandatario salvadoreño. Aprovechó su rectificación para cuestionar con dureza el historial de las misiones de la Organización de las Naciones Unidas en Haití, argumentando que décadas de intervención internacional no han logrado desmantelar a los grupos armados que controlan amplias zonas del país. En su lectura, Bukele ha hecho en semanas lo que la comunidad internacional no pudo hacer en años: poner a los criminales a la defensiva.

El alcalde reconoció que la intervención de Bukele no resolverá el problema de raíz ni erradicará completamente la violencia, pero sí podría frenar su expansión y devolver cierta estabilidad a una nación que lleva años al borde del colapso. Esa distinción es importante: no se trata de una solución definitiva, sino de un punto de inflexión que otros modelos de gestión internacional no han conseguido generar.

Una propuesta que genera tanto respaldo como controversia

El discurso de Riverón no estuvo exento de polémica. El alcalde fue más allá del análisis político y formuló una propuesta de mano dura que ha generado reacciones encontradas. Según sus palabras, la única forma de acabar con el incentivo que representa la delincuencia organizada es eliminar a las bandas de forma radical.

“Debemos eliminar a la banda. Desaparecida con toda su familia y todo el que esté por delante”, afirmó, en una declaración que refleja la desesperación de una comunidad fronteriza que ha vivido de cerca el impacto de la violencia haitiana. Aunque la propuesta choca con los estándares del derecho internacional y los principios de derechos humanos, también revela el nivel de hartazgo que existe en zonas como Dajabón, donde la crisis no es un titular sino una realidad cotidiana.

  • Riverón admitió haber subestimado la capacidad de Bukele para actuar sin apoyo estadounidense.
  • Señaló que líderes de bandas haitianas han comenzado a pedir negociaciones, lo que interpreta como señal de éxito.
  • Cuestionó la efectividad histórica de las misiones de la ONU en Haití.
  • Propuso una política de mano dura contra las organizaciones criminales.
  • Sugirió que el modelo de seguridad de El Salvador podría replicarse en otros países con desafíos similares.

Un modelo que podría cruzar fronteras

Más allá del caso haitiano, Riverón planteó una reflexión de alcance regional. Si Bukele en Haití logra consolidar resultados donde organismos multilaterales han fallado, su modelo de seguridad adquirirá una legitimidad difícil de ignorar para otros gobiernos que enfrentan el mismo tipo de amenaza del crimen organizado. La experiencia de El Salvador, que pasó de ser uno de los países más violentos del mundo a registrar tasas históricamente bajas de homicidios, ya es observada con atención en varios países de América Latina y el Caribe.

Para el alcalde de Dajabón, la lección es clara: cuando las instituciones internacionales no dan resultados, los liderazgos nacionales con voluntad política pueden llenar ese vacío. Su rectificación pública no es solo un acto de honestidad intelectual, sino también un termómetro de cómo la percepción sobre Bukele en Haití está cambiando incluso entre quienes dudaron de él desde el principio.

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