El precio plátano en República Dominicana no es uno solo: es una secuencia de márgenes, eslabones y distancias que transforma los RD$4.50 que recibe un productor en finca en más de RD$23 cuando el producto llega a los mercados de Santo Domingo. Una brecha que no es accidental, sino el resultado de una cadena comercial con múltiples actores, costos acumulados y variedades que no compiten en igualdad de condiciones.
Lo que revela la brecha entre finca y mercado
Alex Cruz, presidente de la Asociación Dominicana de Productores de Plátano (Adoplatano), explicó a El Día que los precios en finca varían significativamente según la variedad. El Criollo Sureño se vende a aproximadamente RD$17 por unidad, el Criollo Cibaeño ronda los RD$9, y la variedad FHIA —la más económica en origen— se comercializa a apenas RD$4.50 por unidad. Estos valores corresponden al primer eslabón de la cadena, antes de que el producto sea transportado, manipulado o distribuido hacia los puntos de venta.
La diferencia entre esos precios de finca y los que registra el Ministerio de Agricultura en sus reportes oficiales es contundente. Según el portal institucional, actualizado al 4 de septiembre de 2026, el plátano Barahonero alcanza los RD$24.83 por unidad en los mercados capitalinos, mientras que el plátano Maduro se cotiza a RD$23.17 por unidad. La misma fruta que sale de la finca a menos de RD$17 puede llegar a costar casi el doble al consumidor final.
Por qué el precio plátano se multiplica en cada etapa
Cruz detalló que la comercialización del plátano en el país es compleja y que su precio está condicionado por múltiples factores: la variedad, la zona de origen y el destino final del producto. Desde la finca, el plátano puede transitar por varios intermediarios antes de llegar al consumidor, y cada uno de ellos agrega un costo al precio final. Los principales actores de esa cadena incluyen:
- Transportistas que trasladan el producto desde las zonas productoras
- Mercados mayoristas que concentran y redistribuyen el volumen
- Supermercados y mercados medianos con sus propios márgenes de operación
- Colmados y puntos de venta minorista en barrios y comunidades
- Servicios de entrega a domicilio, que añaden un costo logístico adicional
Cada uno de estos eslabones incorpora gastos de transporte, manejo, almacenamiento y distribución, además del margen comercial que corresponde a su participación en el proceso. El resultado es que el precio plátano que paga el consumidor puede triplicar —o incluso quintuplicar— lo que recibió el agricultor en origen, dependiendo de la variedad y la ruta comercial que haya seguido el producto.
Un consumo masivo que no se refleja en el ingreso del productor
El plátano no es un producto marginal en la dieta dominicana. Según datos del Ministerio de Agricultura, el consumo per cápita anual en 2025 alcanzó las 362.76 libras por persona, una cifra que posiciona al plátano como uno de los alimentos de mayor presencia en los hogares del país. Sin embargo, esa demanda sostenida no necesariamente se traduce en mejores precios para el productor en finca, cuyo ingreso sigue determinado por la variedad que cultiva y su capacidad de negociación frente a los intermediarios.
La visión de Cruz desde Adoplatano apunta a una dinámica estructural: mientras el precio plátano en los mercados urbanos refleja todos los costos acumulados de la cadena, el agricultor absorbe los riesgos de la producción con márgenes que, en el caso de la variedad FHIA, apenas superan los cuatro pesos por unidad. Entender esa brecha es clave para cualquier política pública que aspire a mejorar las condiciones del sector agrícola dominicano.

