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Embajadora de EE. UU. reafirma libertad de expresión en RD

Embajadora de EE. UU. reafirma libertad de expresión en RD

La libertad de expresión fue el eje central del discurso que pronunció la embajadora de Estados Unidos en República Dominicana, Leah F. Campos, durante el acto conmemorativo del 250.º aniversario de la independencia estadounidense, celebrado el 2 de julio de 2026 en Santo Domingo. Ante un auditorio que reunió a figuras del ámbito diplomático y político dominicano, Campos trazó un puente entre la historia fundacional de su país y los desafíos que enfrentan hoy las democracias del hemisferio.

Lo que reveló Campos sobre la libertad de expresión y sus raíces históricas

Para anclar su mensaje, la embajadora recurrió a la figura de Charles Carroll of Carrollton, uno de los firmantes de la Declaración de Independencia de Estados Unidos y el único católico entre ellos. Campos destacó que Carroll no se limitó a estampar una firma anónima: escribió su nombre completo para dejar constancia pública de su identidad y su compromiso ante la Corona británica, a sabiendas de que tenía mucho que perder. El gesto, explicó, no fue un acto de valentía impulsiva, sino de responsabilidad personal consciente frente al poder.

Ese episodio le sirvió a Campos para articular una tesis que recorrió todo su discurso: la libertad de expresión no es un privilegio decorativo de las democracias, sino el mecanismo que las sostiene. “Es la manera en que un pueblo libre dialoga, discrepa y exige responsabilidades”, afirmó la diplomática, advirtiendo que las libertades no desaparecen de golpe, sino que se erosionan de forma gradual en las sociedades que empiezan a limitar el flujo de ideas.

Trump, el Lawfare y la vigencia del debate sobre la libertad de expresión

En uno de los momentos más comentados de su intervención, Campos hizo referencia directa al expresidente Donald Trump y a los procesos legales que enfrentó antes de su retorno a la Casa Blanca. La embajadora calificó esas acciones como un ejemplo de Lawfare, término que describe el uso instrumental del sistema judicial con fines políticos para silenciar a un adversario. Al traer ese caso al centro de su discurso, Campos situó el debate sobre la libertad de expresión no solo en el plano histórico, sino en la actualidad política más inmediata.

La mención no fue un desvío retórico, sino una extensión lógica de su argumento: si Carroll arriesgó su fortuna y su vida por firmar con su nombre real, los líderes contemporáneos también enfrentan presiones institucionales que buscan acallarlos. Para Campos, reconocer esas presiones y nombrarlas públicamente es, en sí mismo, un ejercicio de la libertad que defiende.

El vínculo entre ambas naciones y el llamado a defender los principios

La embajadora no limitó su mensaje al contexto estadounidense. Con habilidad diplomática, conectó la celebración del aniversario con la historia de República Dominicana, señalando que ambas naciones comparten un compromiso profundo con la libertad y la soberanía. Para subrayarlo, citó el lema nacional dominicano “Dios, Patria y Libertad”, un guiño que resonó entre los presentes y que reforzó el espíritu de alianza bilateral que enmarcó todo el evento.

Entre los valores que Campos destacó como pilares compartidos figuran:

  • La libertad de expresión como fundamento de la vida democrática.
  • La fe como motor de la responsabilidad cívica individual.
  • La soberanía nacional como condición irrenunciable de los pueblos libres.
  • La amistad y alianza estratégica entre Estados Unidos y República Dominicana.

Al cierre de su intervención, Campos retomó la figura de Carroll para lanzar un llamado directo a los presentes: defender los propios principios con nombre y apellido, sin ambigüedades ni evasiones. El mensaje implícito era claro: en tiempos en que la libertad de expresión enfrenta presiones de distinta naturaleza, la neutralidad cómoda no es una opción para quienes se consideran herederos de esa tradición fundacional. El acto, enmarcado en las celebraciones del 250.º aniversario de la independencia de Estados Unidos, dejó un discurso que trascendió el protocolo diplomático para convertirse en una declaración de principios con resonancia regional.

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