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FAO: RD sale del mapa del hambre pero enfrenta retos graves

FAO: RD sale del mapa del hambre pero enfrenta retos graves

República Dominicana alcanzó un hito reconocido internacionalmente: salir del mapa del hambre de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), según los datos del informe El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2026 (SOFI 2026). El logro, confirmado por el economista jefe de la FAO, Máximo Torero, refleja que el país redujo la prevalencia de subalimentación por debajo del umbral internacional del 2.5 % de la población. Sin embargo, el mismo organismo advierte que este avance no equivale a haber resuelto el problema alimentario: los desafíos que persisten son tan urgentes como el logro que se celebra.

Lo que significa realmente salir del mapa del hambre

Torero fue preciso al explicar el alcance del indicador: salir del mapa del hambre mide exclusivamente la disminución en el consumo mínimo de calorías, no la calidad ni la sostenibilidad de la alimentación. En otras palabras, el país superó un umbral técnico, pero eso no implica que su población coma bien ni que el acceso a los alimentos esté garantizado para todos.

El avance se atribuye a una combinación de programas sociales y políticas alimentarias implementadas a lo largo de los años, entre los que destacan:

  • El programa Supérate y las transferencias monetarias focalizadas.
  • Los programas de apoyo de emergencia alimentaria.
  • El programa de alimentación escolar.

Torero advirtió, no obstante, que mantener este logro exige continuidad y mejora de esos esfuerzos. Sin políticas sostenidas, el país corre el riesgo de regresar al mapa del hambre en futuros informes.

El dato que revela la otra cara del avance

Detrás del titular positivo, el informe SOFI 2026 expone cifras que obligan a matizar el optimismo. Según Torero, el 16.4 % de la población dominicana enfrenta inseguridad alimentaria severa, lo que equivale a 1.9 millones de personas que en tiempos recientes han carecido de acceso a alimentos. Más amplio aún es el panorama cuando se suma la inseguridad alimentaria moderada: en conjunto, ambas categorías alcanzan el 41.3 % de la población.

La distinción entre ambos niveles es importante. La inseguridad alimentaria severa implica la ausencia directa de alimentos. La moderada, en cambio, describe patrones de alimentación insuficiente o de baja calidad, condiciones que están directamente asociadas con malnutrición, obesidad y sobrepeso. Ambas se miden a través de una escala de experiencia de inseguridad alimentaria basada en preguntas validadas internacionalmente.

El costo de comer bien: una barrera que supera el promedio regional

Uno de los hallazgos más reveladores del informe es el costo de una dieta saludable en República Dominicana. Según los datos presentados por Torero, acceder a una alimentación adecuada cuesta US$5.60 por persona al día, cifra que supera el promedio de América Latina y el Caribe, fijado en US$4.91, y se aleja considerablemente del promedio de los países desarrollados, que ronda los US$3.64.

Esta brecha tiene consecuencias directas y medibles. El 16.2 % de la población enfrenta dificultades para costear una dieta saludable, lo que alimenta un ciclo de malnutrición que se expresa en indicadores preocupantes:

  • Tasa de obesidad del 7.5 % en niños menores de cinco años.
  • Tasa de obesidad del 30.8 % en adultos.
  • Anemia en el 22.4 % de la población, un indicador que la FAO califica como urgente de reducir.

Estos números revelan una paradoja que el informe SOFI 2026 subraya con claridad: un país puede salir del mapa del hambre y al mismo tiempo enfrentar una crisis de malnutrición por exceso y por déficit de calidad alimentaria.

La hoja de ruta que propone la FAO para República Dominicana

Torero identificó dos ejes prioritarios para consolidar el avance y reducir las brechas que persisten: fortalecer los programas sociales existentes y mejorar la producción agrícola nacional. En su análisis, ambas líneas son inseparables: sin mayor disponibilidad de alimentos variados y asequibles, los programas sociales enfrentan un techo estructural.

En ese marco, el economista destacó el papel estratégico de los desayunos escolares, siempre que estén bien diseñados y ejecutados. La FAO ya trabaja con el Gobierno dominicano para optimizar el componente nutricional del programa de alimentación escolar, y Torero fue enfático en un punto que suele pasarse por alto: no basta con diseñar un menú saludable, es necesario verificar que los estudiantes efectivamente consuman los alimentos ofrecidos. De lo contrario, los recursos se desperdician sin impacto real en la nutrición infantil.

Para reducir el costo del mapa del hambre como problema estructural, Torero propuso una combinación de medidas que incluye políticas sociales focalizadas, apoyo productivo al sector agrícola, financiamiento rural, colaboración institucional y marcos legales que garanticen la continuidad de las políticas alimentarias más allá de los ciclos de gobierno. Este último punto es, quizás, el más difícil de lograr y el más determinante para que el avance de hoy no se revierta mañana.

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