La República Dominicana no fue a Cusco a escuchar. El ministro de Defensa, Teniente General Carlos Antonio Fernández Onofre, llegó a la XVII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas (CMDA) con una postura clara: el crimen transnacional ya no puede combatirse desde fronteras individuales, y el país está dispuesto a liderar con hechos. Su intervención ante los representantes de más de 30 naciones del hemisferio marcó uno de los momentos más concretos del encuentro celebrado en Perú.
Lo que Fernández Onofre puso sobre la mesa en Cusco
En las sesiones de trabajo de la CMDA, el alto mando militar dominicano subrayó la urgencia de construir bloques de cooperación regional capaces de responder al avance de las redes criminales que operan de forma transfronteriza. Para Fernández Onofre, estas organizaciones no solo representan una amenaza a la seguridad pública: erosionan la estabilidad económica y social de los estados soberanos del continente.
El ministro fue específico en sus propuestas. Planteó la necesidad de desarrollar estrategias avanzadas de ciberdefensa y de establecer mecanismos de intercambio inmediato de información de inteligencia entre naciones aliadas. Su argumento central fue que las amenazas actuales ya no son exclusivamente físicas: los ataques a infraestructuras críticas y las tácticas de guerra híbrida exigen vigilancia permanente en la cuenca del Caribe, así como tecnologías de vanguardia para proteger la soberanía nacional frente al crimen transnacional.
La Declaración de Cusco y lo que compromete a 30 países
El encuentro no terminó en discursos. La conferencia concluyó con la firma de la Declaración de Cusco, un documento bilateral y multilateral suscrito por líderes militares de más de 30 países del hemisferio occidental. El acuerdo establece una hoja de ruta concreta para coordinar operativos conjuntos contra el narcotráfico marítimo, la minería ilegal y el tráfico de armas, unificando criterios bajo un marco que combina la defensa de los derechos humanos con el fortalecimiento institucional de las fuerzas armadas participantes.
Entre los ejes que articula la declaración se encuentran:
- Coordinación de operativos conjuntos contra el narcotráfico marítimo en el hemisferio.
- Estrategias unificadas para frenar la minería ilegal transfronteriza.
- Mecanismos regionales de control del tráfico de armas.
- Intercambio de inteligencia en tiempo real entre fuerzas armadas aliadas.
- Fortalecimiento institucional bajo estándares de derechos humanos.
La firma de este documento representa un paso significativo hacia la institucionalización de la cooperación hemisférica en materia de seguridad, un objetivo que la región ha perseguido durante años sin siempre lograr traducirlo en compromisos vinculantes.
Quisqueya Solidaria 2026: el ejemplo que nadie esperaba en la agenda
Más allá del debate sobre amenazas y estrategias, Fernández Onofre introdujo en la asamblea un caso práctico que captó la atención de los delegados: la Operación Quisqueya Solidaria 2026. Esta misión coordinó recientemente la respuesta humanitaria de la República Dominicana ante los sismos registrados en Venezuela, y fue presentada como evidencia tangible de la capacidad operativa de las fuerzas armadas dominicanas en escenarios de desastre natural a gran escala.
El operativo demostró que el país cuenta con estructuras de respuesta rápida, rescate y asistencia médica desplegables más allá de sus fronteras, un activo que posiciona a la República Dominicana no solo como receptor de cooperación internacional, sino como contribuyente activo a la seguridad regional. En un foro donde los países compiten por relevancia estratégica, ese argumento tuvo peso propio.
La participación dominicana en la CMDA de Cusco deja un mensaje nítido: frente al crimen transnacional, la postura del país es de acción coordinada, no de espera. La República Dominicana sale del encuentro con su firma en un acuerdo hemisférico y con un ejemplo operativo que respalda sus palabras.

