La neutralidad suiza sobrevivió este domingo su mayor desafío constitucional en décadas. Con una participación del 47%, el 70,2% de los ciudadanos rechazó la iniciativa que buscaba blindar en la Constitución una neutralidad permanente y absoluta, cerrando la puerta a cualquier colaboración con la OTAN o la Unión Europea. El resultado no solo confirma la vigencia del modelo suizo, sino que revela una sociedad que ha reinterpretado el significado de ese principio histórico a la luz de la guerra en Ucrania.
Lo que el voto revela sobre la neutralidad suiza
La consulta, formalmente denominada “Por la preservación de la neutralidad suiza (Iniciativa sobre la neutralidad)”, proponía inscribir en la Constitución la fórmula: “Suiza es neutral. Su neutralidad es permanente y armada.” De haberse aprobado, el país habría quedado obligado a anular las sanciones impuestas a Rusia desde 2022 y a desvincularse de cualquier mecanismo de defensa colectiva con sus socios europeos. La derrota con más de siete de cada diez votos en contra habla por sí sola.
El consejero federal Martin Pfister, en el cargo desde 2025, lideró la campaña institucional contra la iniciativa. Su argumento central fue que ni el Consejo Federal ni el Parlamento querían menos neutralidad, sino una neutralidad funcional: un principio que garantice la libertad y la seguridad del país sin convertirse en un obstáculo para la cooperación en materia de defensa. Pfister advirtió que la nueva norma habría bloqueado la coordinación con la OTAN y la Unión Europea en un momento en que Europa enfrenta su mayor crisis de seguridad desde la Segunda Guerra Mundial.
El giro que Ucrania provocó en la opinión pública
La corresponsal de swissinfo, Katy Romy, apuntó que la guerra en Ucrania ha transformado profundamente la percepción ciudadana sobre qué significa ser neutral. Para una parte creciente de la sociedad suiza, la neutralidad ya no puede ser un escudo detrás del cual ignorar agresiones militares contra terceros países. Ese cambio de mentalidad fue determinante: la iniciativa fue percibida por amplios sectores de la opinión pública como una medida de orientación prorrusa, lo que aceleró su rechazo.
El contexto histórico refuerza esa lectura. Tras la anexión de Crimea en 2014, el Consejo Federal y el Parlamento decidieron no sumarse a las sanciones europeas contra Rusia. Pero a partir de la invasión a gran escala de 2022, Suiza adoptó medidas alineadas con las de la UE. La iniciativa rechazada este domingo habría obligado a revertir esas sanciones, una consecuencia que la mayoría de los votantes no estaba dispuesta a asumir.
Una alianza insólita que no alcanzó para ganar
El Comité para la Defensa de la Neutralidad de Suiza, promotor del texto, logró una coalición políticamente inusual: convenció tanto a la Unión Democrática del Centro (SVP), el partido conservador más influyente del Parlamento, como al Partido de los Trabajadores de Suiza (PdA). Las motivaciones de ambos eran opuestas: la SVP temía que la imagen de neutralidad del país quedara comprometida por las sanciones a Rusia, mientras que el PdA rechazaba cualquier acercamiento a la Alianza Transatlántica. Pese a esa suma de fuerzas, la iniciativa no resistió el escrutinio ciudadano.
La SVP, que ha dominado históricamente el escenario parlamentario suizo, acumula así un nuevo tropiezo en las urnas. Su figura más emblemática, Christoph Blocher, antiguo consejero federal y uno de los promotores de la consulta, quedó además bajo la sombra de una investigación por supuestos vínculos familiares con empresas rusas, lo que añadió ruido político a la campaña. En el lado opuesto, el Partido Socialista Suizo (SPS) celebró el resultado como un respaldo a la defensa de Ucrania y al derecho internacional.
El debate sobre la neutralidad suiza no ha terminado
Aunque el referéndum cerró esta batalla concreta, los analistas anticipan que la discusión sobre los límites de la neutralidad suiza continuará abierta. El foco del próximo capítulo apunta a la exportación de material militar: Suiza mantiene restricciones que impiden a terceros países reexportar armamento suizo a zonas de conflicto, una norma que sus socios europeos llevan tiempo presionando para flexibilizar. La neutralidad, como demostró este domingo, no es un concepto estático. Es un campo de disputa permanente sobre qué tipo de país quiere ser Suiza en un continente que ha vuelto a conocer la guerra.

