El presidente Luis Abinader llevó este miércoles un mensaje directo a la comunidad internacional desde el podio más visible del mundo: las palabras ya no bastan. Durante su intervención en el Debate General del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Abinader ante la ONU exigió que las decisiones adoptadas en el Consejo de Seguridad se traduzcan, de una vez, en acciones concretas sobre el terreno haitiano.
Lo que Abinader ante la ONU le reclamó al Consejo de Seguridad
El mandatario dominicano no llegó a Nueva York con diplomacia de salón. Su discurso articuló tres demandas específicas que, según subrayó, no admiten más dilaciones: el despliegue completo de la fuerza internacional de seguridad, el cumplimiento efectivo del embargo de armas y el fortalecimiento de las instituciones haitianas. Tres ejes que, en su lectura, definen la diferencia entre una resolución del Consejo de Seguridad que queda en papel y una que transforma realidades.
Abinader recordó que no es la primera vez que alza la voz en este escenario. Desde 2021, ha advertido en múltiples foros internacionales que la crisis haitiana representa una amenaza directa para la paz y la seguridad de toda la región. El año anterior, su llamado urgente al Consejo de Seguridad derivó en la adopción de la resolución 2793, un avance que, sin embargo, no ha sido suficiente para detener el espiral de violencia.
La cifra que revela la magnitud del colapso humanitario
Para anclar el debate en la realidad más cruda, Abinader recurrió a un dato reciente e impactante: hace apenas un mes, en Kenscoff, grupos armados asesinaron al menos a 47 personas en una sola noche. No se trató de un episodio aislado, sino de la expresión más brutal de una dinámica que amenaza con normalizarse. A esa cifra se suma el dato estructural que define la magnitud del colapso: cerca de 1.5 millones de haitianos han sido desplazados de sus hogares como consecuencia directa de la violencia de las pandillas.
“No podemos permitir que este tipo de violencia se convierta en la norma”, afirmó el presidente, en una frase que sintetizó el tono de urgencia que atravesó toda su intervención. La comunidad internacional, argumentó, tiene la responsabilidad de facilitar el proceso de estabilización y garantizar que los haitianos puedan regresar a sus hogares y participar en su propia democracia.
Lo que la República Dominicana ya puso sobre la mesa
Abinader fue cuidadoso en dejar claro que su país no habla desde la comodidad del observador externo. La República Dominicana ha asumido un rol activo en la gestión de la crisis, y el presidente enumeró las contribuciones concretas que respaldan esa posición:
- Construcción de consensos en foros regionales e internacionales para impulsar una respuesta coordinada.
- Apoyo financiero al fondo de la fuerza multinacional de seguridad desplegada en Haití.
- Atención médica a personal de la misión internacional en hospitales dominicanos.
Con ese historial sobre la mesa, Abinader fue enfático en un punto que considera innegociable: no existe una solución dominicana a la crisis de Haití. La resolución, insistió, debe ser interna, protagonizada por los propios haitianos, con el respaldo logístico, financiero y político de la comunidad internacional. El papel de Santo Domingo es el de facilitador comprometido, no el de actor sustituto de una soberanía que solo puede reconstruirse desde adentro.
El discurso de Abinader ante la ONU cerró con una apuesta por la coherencia: si el Consejo de Seguridad adoptó resoluciones, debe honrarlas con recursos y presencia real. La Organización de las Naciones Unidas tiene ahora sobre sus hombros la presión de un gobierno que lleva cuatro años documentando el deterioro y que, esta vez, no se conformó con describir el problema, sino que presentó una hoja de ruta para salir de él.

