El accidente en La Romana que destruyó un Gulfstream G200 el pasado 7 de junio tuvo un preludio dramático: los pilotos reportaron la pérdida del motor derecho apenas minutos después del despegue, desencadenando una secuencia de emergencia que terminó con la aeronave incendiada y los dos tripulantes sin vida. Así lo revela el informe preliminar de la Comisión Investigadora de Accidentes de Aviación (CIAA), que reconstruye los últimos momentos del vuelo con base en las comunicaciones con el control aéreo y los datos técnicos disponibles.
Lo que revelan las comunicaciones antes del impacto
La aeronave, operada por Aibonito Aviation LLC, había despegado del Aeropuerto Internacional de La Romana sin pasajeros a bordo, con destino a Austin, Texas. Tres minutos después del despegue, la tripulación solicitó desviarse para manejar una situación y declaró la emergencia al informar sobre la pérdida del motor derecho. Lo que siguió fue una lucha desesperada por mantener el control de la aeronave.
El momento más crítico quedó registrado a las 20:01 UTC, cuando los pilotos pidieron tiempo para intentar estabilizar el avión. Poco después, una de las frases más reveladoras de la tragedia llegó por radio: “No puedo controlar bien el avión, estamos sobreviviendo”. Esa comunicación, recogida en el informe de la CIAA, sintetiza la magnitud de la crisis que enfrentaba la tripulación en esos instantes.
La maniobra final y el accidente en La Romana que nadie pudo evitar
Antes de intentar el aterrizaje definitivo, la tripulación sobrevoló la zona para consumir combustible, una práctica habitual en emergencias para reducir el riesgo de incendio. En un primer intento, los pilotos se aproximaron por la pista 11, pero abortaron la maniobra en circunstancias que aún están bajo investigación. Finalmente, el Gulfstream G200 enfiló hacia la pista 29, pero al tocar tierra se desvió bruscamente hacia la izquierda, salió del asfalto y recorrió aproximadamente 700 metros sobre terreno de césped.
Las consecuencias de ese desvío fueron catastróficas en cuestión de segundos. Durante el desplazamiento fuera de pista, se produjeron tres fallas estructurales en cadena:
- El tren de aterrizaje principal colapsó bajo el peso de la aeronave.
- El motor izquierdo se desprendió del fuselaje.
- Los tanques de combustible resultaron dañados, provocando un incendio de grandes proporciones.
El fuego destruyó completamente la aeronave. Los dos tripulantes perdieron la vida en el accidente. No había pasajeros a bordo ni se transportaban mercancías peligrosas, según confirmó la CIAA en su reporte.
Qué falta por determinar en la investigación oficial
La comisión fue explícita en señalar que el informe publicado es de carácter preliminar y no tiene como objetivo establecer responsabilidades, sino aportar información técnica que permita prevenir futuros accidentes. Las cajas negras, tanto el registrador de datos de vuelo (FDR) como el registrador de voz de cabina (CVR), ya han sido recuperadas, pero su análisis aún no ha concluido. Sus datos serán determinantes para responder las preguntas que todavía permanecen abiertas:
- La causa exacta de la falla del motor derecho.
- Los motivos que llevaron a abortar el primer intento de aterrizaje por la pista 11.
- La secuencia precisa de eventos durante el rodaje fuera de pista.
La Institución Dominicana de Aviación Civil (IDAC), organismo bajo cuya estructura opera la CIAA, supervisa el proceso investigativo conforme a los estándares internacionales de la aviación. El accidente en La Romana se convierte así en un caso de referencia para el análisis de protocolos de emergencia en aeropuertos de la región, mientras la comunidad aeronáutica aguarda las conclusiones definitivas que solo podrán llegar tras el análisis completo de las cajas negras.

