La alimentación escolar en República Dominicana no es solo un servicio de bienestar: es un escudo económico para millones de hogares. Según datos del Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (INABIE), las familias con hijos en el sistema educativo público y el personal de las escuelas se benefician de un ahorro anual estimado en RD$82,192 millones, gracias a la provisión gratuita de alimentos que ofrece el Programa de Alimentación Escolar (PAE). La cifra, calculada por la Dirección de Planificación y Desarrollo del INABIE a partir del costo real de esos alimentos en el mercado, revela la dimensión silenciosa de un programa que opera cada día en más de 7,000 centros educativos del país.
Lo que revela el impacto real de la alimentación escolar
El PAE distribuye actualmente más de 5 millones de raciones alimenticias diarias, que incluyen desayuno, almuerzo y frutas, a más de 2 millones de estudiantes, docentes y personal administrativo del sistema público. La escala del programa lo convierte en uno de los mecanismos de protección social más amplios del Estado dominicano, con presencia en centros de Jornada Escolar Extendida (JEE), media tanda y en zonas de difícil acceso geográfico donde la inseguridad alimentaria es más aguda.
El director ejecutivo del INABIE, Adolfo Pérez, fue directo al señalar el doble propósito del programa: “Con la alimentación escolar garantizamos el bienestar de los estudiantes y su permanencia en el aula”, afirmó. Para Pérez, el PAE es crucial tanto para reducir el gasto de bolsillo de las familias como para contribuir al desarrollo del aparato productivo nacional, dos objetivos que rara vez se logran con una sola política pública.
El ahorro que genera el programa no es abstracto. Al liberar recursos que de otro modo se destinarían a la alimentación diaria, las familias pueden redirigir ese dinero hacia otras necesidades esenciales:
- Salud y medicamentos
- Transporte escolar y familiar
- Vivienda y servicios básicos
- Materiales educativos
Por qué el PAE sacude también la economía productiva
El impacto del programa trasciende los comedores escolares. El INABIE subrayó que la cadena de suministro del PAE dinamiza directamente a micro, pequeñas y medianas empresas que proveen los alimentos, así como al sector agropecuario nacional que abastece los insumos requeridos. En la práctica, cada ración distribuida en una escuela pública representa también una compra al productor local, un eslabón que conecta la política educativa con la política agrícola.
Los menús escolares están diseñados para cumplir con los requerimientos nutricionales diarios de los estudiantes, garantizando la ingesta adecuada de proteínas, carbohidratos, vitaminas y minerales. Este enfoque técnico en la composición de las raciones no es menor: responde directamente a la meta de Hambre Cero establecida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), y posiciona al PAE como un instrumento alineado con los compromisos internacionales del país en materia de seguridad alimentaria.
Más allá de la nutrición, la evidencia acumulada en programas similares a nivel regional indica que garantizar una alimentación balanceada durante la jornada educativa mejora la asistencia y el rendimiento escolar. En sectores vulnerables, donde la inseguridad alimentaria puede ser un factor determinante en el abandono escolar, el PAE actúa como un ancla que mantiene a los estudiantes dentro del sistema. Según el INABIE, este efecto protector es uno de los argumentos centrales para sostener y ampliar el programa en los próximos años.

